Aberraciones poéticas

En el anuncio aquella mujer ofrecía servicios de lluvia dorada. ¿Por qué no?, me dije. Llamé al teléfono que figuraba en el anuncio y concerté rápidamente una cita. A la hora convenida, aquella mujer llegó a la habitación sola, de la ciudad sola, en la que mi soledad estaba tan sola.

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Edward Hopper. Digresión filosófica (1959)

Le pregunté si quería tomar algo y solo me pidió un vaso de agua que, gustosamente, le serví. Luego añadió, ya sabes, para acelerar… y completó la frase con un gesto circulatorio de la mano, en el aire. Ya me entiendes, dijo, ¿no? Claro que había entendido, y dado que yo la había entendido a ella, era el momento de que ella también me entendiese a mí. Verás, le dije, quisiera cambiar un poco tu servicio, apenas los adjetivos o, mejor dicho, los participios adjetivos. Ella comenzó a poner los ojos como perlas. En lugar de una lluvia dorada, lo que yo quisiera es hacer contigo una lluvia dañada. Ella comenzó a poner los ojos como lunas. Entendí que la alusión al daño podía atemorizarla, así que me apresuré a aclarar que aquel daño no suponía ninguna vejación o herida física, de lo que se trata, comencé a explicarle, es de que me dejes ponerme encima de ti y llorar a mar abierto sobre tu cuerpo desnudo. ¡Qué!, estalló ella con una explosión de ojos-supernova. ¿Y para esto me has hecho perder el tiempo? ¡Yo no trabajo aberraciones! ¡Pero me vas a pagar igualmente! Así que le pagué. Luego se fue sin previo aviso al baño de la habitación y cerró la puerta. Pude oír cómo sonaban las aguas residuales golpeando las aguas limpias. Al salir, la mujer me miró con desprecio y me espetó, hasta este baño es más normal que tú. Luego se fue en el acto, aunque sin haberlo empezado. Entré en el baño para tirar de la cadena, pues ella no lo había hecho y, sin poder contenerme más, lloré desconsoladamente, con todo ese llanto que tenía para ella y que caía ahora sobre el agua sucia que ella tenía para mí. Al tirar de la cadena, me quedé observando cómo se iban cañería abajo mis lágrimas confundiéndose con sus orines…

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