“Innuendo”, primer programa dedicado a Mozart, a través de la película Amadeus, de Milos Forman

La semana pasada salió al aire la primera entrega de”Innuendo”, en Radio Nicolaita (México), una atractiva iniciativa de la que ya hablé hacInnuendoe algunos días en esta página, y que tiene como finalidad unir el amor a la música con la simultánea pasión por el séptimo arte. Así pues, en esta primera ocasión, su conductora, Liliana David, nos propone disfrutar de varios pasajes de la obra mozartiana, mientras nos coAmadeusmenta algunos pasajes que entrecruzan las ocurrencias de la película de Milos Forman, de 1984, con los datos de la vida del genial músico austríaco. La calidez de la locución de Liliana hacen todavía más agradable el viaje al que “Innuendo” nos invita durante una hora de música, cine y tibias palabras. La combinación perfecta para estos días de estruendo mediático y de recomendable viaje interior.  El programa tiene una cita con todos sus radioescuchas (incluido el que aquí escribe) cada martes, a las 21h (hora de México). Dado que el horario dificulta el seguimiento en España, el programa compartirá sus audios a través de “Soundcloud”. He aquí el enlace para que todos ustedes puedan disfrutar de esta primera y deliciosa entrega:

La próxima semana, “Innuendo” llegará con sonidos de la película “El cisne negro”, del director estadounidense Arron Aronofsky. No dejen de escucharlo.

“Innuendo”, el nuevo programa de radio que te enseña a amar dos artes a la vez y no estar loco.

Ya lo dijo Antonio Machín una vez: “no te puedo comprender, corazón loco”. Y, ¿quién puede? Desde luego, Diego “El Cigala” estuvo de acuerdo con él y repitió lo mismo, años después, a puro grito de “cantaor” y con fondo musical sonando a gloria en las manos del gran Bebo Valdés. Pero ya sea con la matemática elegancia del bolero o con la voz rasgada de lo “jondo”, el deconcierto suena muy parecido: “¿cómo se pueden querer a dos mujeres a la vez y no estar loco?”. Y quien dijo mujer, bien pudo decir hombre, claro está, pues de lo que se trata no es de acertijos que se resuelvan con respuestas sexuadas, sino de laberintos que apuntan una y otra vez al insondable corazón. ¡Ay, corazón loco!

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